El grito sagrado
Adrián Pardal
Ese abrazo efusivo entre los jugadores y el cuerpo técnico de River, una vez finalizado el partido ante Botafogo con victoria “Millonaria” por 4-2, significó más que un simple festejo por pasar de ronda en un certamen internacional o por un triunfo, con sabor a epopeya, de copa. Se tradujo en desahogo, alivio, piedad - para que no recaigan con dureza las críticas periodísticas y los reclamos de los
hinchas – y la posterior resurrección de River Plate. Festejaron todos. Desde los dirigentes y el técnico, Daniel Passarella, ejes de la tormenta “monumental” hasta los jugadores y los hinchas que piden la cabeza de los máximos exponentes del club. El mundo River se vio envuelto, esta vez, por un clima festivo, más allá que siga latente el conflicto político -institucional y deportivo, que lo enaltece para lo que viene y le da oxígeno - al menos por un rato- para seguir trabajando con un peso menos en lo que resta de un semestre arduo y difícil.
Estaba obligado River a ganar más allá de cómo jugar. Por todos los problemas que acosan a la Institución, por lo deportivo y para el “Kaiser” mismo significaba mucho este cotejo... se jugaban todo en un solo partido y los jugadores, dentro de la cancha, pudieron desactivar a tiempo lo que hubiese sido una bomba atómica quedar eliminados de la Copa.
Esa demostración de coraje, garra, lucha en cada jugada disputada y corazón con la que decidieron afrontar el partido y ganaron no hace más que ratificar el apoyo hacia el técnico, cuestionado y sin el apoyo del hincha, y demostrarle que se puede, que están vivos todavía. Que no descartan la posibilidad de pelear los dos torneos hasta el final. Y por su puesto, no desaprovecharon la oportunidad de dejar un mensaje: Respeto.
Ese grito con los puños apretados y el abrazo entre todos en el campo de juego fue una demostración de unión y sirve para seguir creyendo de cara a lo que viene. Pero también abrió un paréntesis momentáneo para las críticas, en el año en que se juega muchas cosas Passarella y está en juego el futuro de River. Pero que quede claro, ganó un partido no un campeonato